Cómo se hace el tallado y pulido de los diamantes

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Los diamantes en bruto, sin importar su tamaño, pasarían por un bruto trozo de vidrio opaco. Para resaltar su fulgor debe tallarse y pulirse con gran precisión. Para ello se requiere mucha destreza y paciencia, debido a que el diamante es la sustancia más dura que puede encontrarse en la naturaleza.

El primer paso consiste en dividir un piedra grande siguiendo los planos se su estructura cristalina. Este es el procedimiento más arriesgado. En 1908, antes de cortar el gran diamante Cullinan en Amsterdam Joseph Asscher estudio la piedra durante varias semanas. Un error pudo haber reducido el diamante a un montón de fragmentos y arruinar todo.

Es preciso calcular la dirección correcta del corte. Las fotografías tomadas en la planta cortadora británica A. Monnickendam, muestran cómo se marca primero con tinta china la trayectoria del corte. Luego se usa un diamante más pequeño para hacer una guía de corte a lo largo de la marca de tinta; se coloca sobre ella una hoja de acero y se asesta un  golpe. Si se sigue el procedimiento adecuado, el diamante se parte en dos; de lo contrario, se corre el peligro de convertirlo en añicos.

Después se usa una sierra para terminar el corte. Para ello, la piedra se prensa y se somete a la acción de un disco giratorio –Tan delgado como un papel- de bronce fosforado, aleación muy resistente. El disco da entre 4.000 y 6.000 rpm. Su canto está recubierto con una mezcla de polvo de diamante y aceite, lo que hace más lento el corte. Tallar un diamante de un quilate se suele tardar entre cuatro y ocho horas.

Después debe dársele forma al diamante, frotándolo con otro. Uno de los diamantes se hace girar con un torno, mientras el otro se sostiene contra él. El polvo de diamante se recoge cuidadosamente para luego cortar y pulir la piedra. La forma final de la gema depende de la configuración original de la piedra; pero debido a la realización de ciertos cortes necesarios se pierde gran parte del diamante. La gema final pesa por lo común menos de la mitad que la piedra en bruto sin cortar.

El último paso consiste en cortar y pulir las facetas que dan al diamante su brillantez. Para esto se frota con un disco giratorio de hierro, cubierto con polvo de diamante y aceite. Al girar a unas 2.500 rpm, el disco esmerila y pule cada faceta. Por último, el diamante se sumerge en ácido sulfúrico hirviendo para eliminar todo residuo de grasa y suciedad, proceso que no lo daña en absoluto.

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