Consejos para cuidar tu tiroides

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Cuando te explican que alguien tiene un problema de tiroides, ¿en qué piensas? ¿Quizá en que últimamente habías visto que tenía el cuello y la cara un poco hinchados, o que se quejaba de estar siempre cansado? Efectivamente, estos dos son, entre otros, síntomas típicos de un trastorno de la tiroides, una glándula que se localiza en el cuello, justo sobre la tráquea.

La importancia de su “trabajo” radica en que produce unas hormonas –fundamentalmente tiroxina (T4) y triyodotironina (T3) – cuya función principal es regular las reacciones que forman el metabolismo. Por eso influye en nuestra energía… pero también en la frecuencia cardíaca, el colesterol, la fuerza muscular, el peso, la temperatura corporal y el funcionamiento del sistema nervioso y el intestinal.

Sin embargo, en ocasiones esta glándula no funciona correctamente. Los dos trastornos más frecuentes son el hipotiroidismo y el hipertiroidismo (de los que te damos más detalles en el recuadro de la derecha). En su aparición pueden influir varios motivos, pero uno de ellos, sobre todo en el hipotiroidismo, es una alimentación deficitaria en ciertos nutrientes.

Es por eso por lo que le dedicamos la Dieta de este mes y te recordamos la importancia de seguir una alimentación equilibrada y variada: es una buena prevención ante un trastorno que, a veces, pasa desapercibido durante bastante tiempo. En general, cuando tienes un problema de tiroides cambian 5 aspectos de tu vida (aunque en función de cada caso pueden aparecer otros síntomas).

TU PESO PUEDE SUBIR… O BAJAR

El metabolismo de quienes tienen hipotiroidismo es bajo (lento), y eso hace que aumenten de peso. Normalmente se trata de un incremento discreto, de entre 2 y 4 kilos, dependiendo de la severidad de la enfermedad. Aun así, esa ganancia no siempre tiene que ver con el exceso de grasa, sino que en la mayoría de las ocasiones se debe a una retención excesiva de líquidos.

En el hipertiroidismo ocurre lo contrario: el metabolismo se acelera y el cuerpo necesita más “gasolina” para poder mantener el peso. Por eso, si no toman más calorías de lo habitual, quienes lo sufren experimentan una pérdida de kilos (que también se acentuará en función de su gravedad).Pero hay algo que nos puede despistar: este trastorno comporta un aumento del apetito, así que es posible que algunas personas no bajen ni un gramo.

DESCANSO Y VITALIDAD SE VEN AFECTADOS

La desaceleración del metabolismo produce una fatiga anormal que no se alivia aunque se duerman 9 o 10 horas. Esto ocurre porque el sueño no es reparador, ya que sus fases normales se ven interrumpidas. La consecuencia es somnolencia diurna y fatiga.

En cambio, la persona con hipertiroidismo nota que está a normalmente enérgica hasta el punto de que, cuando se acuesta por la noche, siente inquietud, ansiedad, palpitaciones…y no consigue conciliar el sueño. La consecuencia en muchas ocasiones es el insomnio.

PUEDES SUFRIR FUERTES CAMBIOS EN EL ÁNIMO

En general, cuanto más grave es la enfermedad tiroidea, más intensas son las variaciones en el estado de ánimo.

En caso de sufrir hipotiroidismo, es habitual estar muy bajo de ánimo, llegando en algunos casos extremos a la depresión. Por el contrario, con hipertiroidismo se puede vivir en un estado de nerviosismo inusual, con inquietud, ansiedad e irritabilidad.

TU RITMO INTESTINAL SE ALTERA

Ya sabes que el tránsito intestinal depende de varios factores; los más importantes son la alimentación y el ejercicio físico, pero las hormonas también pueden influir. Por eso, la bajada hormonal que se produce en el hipotiroidismo puede provocar una disminución del movimiento intestinal, que puede acabar en estreñimiento.

En el extremo opuesto, y al igual que le ocurre al resto de los órganos, con el hipertiroidismo el tubo digestivo está sobre estimulado. Por este motivo, suele darse un aumento del ritmo intestinal: se incrementa la frecuencia de las defecaciones y es posible que se sufran episodios de diarrea.

ERES SENSIBLE A LA TEMPERATURA

Quienes tienen hipertiroidismo sienten demasiado calor y las personas con hipotiroidismo, demasiado frío. Según un estudio reciente realizado en el Instituto Karolinska en Suecia y publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, esta sensibilidad a la temperatura cuando hay una disfunción de la tiroides se debe a que sus hormonas influyen en el grado de dilatación de los vasos sanguíneos y, por lo tanto, en la cantidad de calor que se retiene o que se libera.

NUTRIENTES ESENCIALES ¿CÓMO CONSEGUIRLOS?

Una alimentación sana, variada y equilibrada te proporcionará…

  1. YODO: PESCADO Y SAL DE MESA

Al día, la tiroides necesita unos 150 microgramos de yodo: está en las algas, el marisco y los pescados de mar (100g tienen entre 150 y 300 microgramos).

Compra sal yodada y fíjate en su fecha de caducidad porque a los seis meses pierde eficacia. Añádela al final de las cocciones.

  1. SELENIO: FRUTOS SECOS Y SEMILLAS

Es fundamental para que la enzima encargada de convertir la tiroxina (T4) en triyodotironina

(T3) trabaje correctamente. Las nueces de Brasil, el marisco, el pescado, las carnes blancas, los huevos ecológicos, las semillas de girasol y los champiñones te lo proporcionan.

  1. ZINC: MARISCO… Y CHOCOLATE

Este mineral interviene en la formación y conversión correcta de las hormonas tiroideas (T4 y T3). Los alimentos más ricos en zinc son: el marisco, el pescado, la carne, las semillas de calabaza  y sésamo, las almendras, las legumbres, la quinoa y el chocolate negro.

  1. HIERRO: BÁSICAMENTE DE ORIGEN ANIMAL

Su déficit reduce la actividad de la enzima peroxidasa de la tiroides, un componente vital  para la síntesis de estas hormonas. Combina los alimentos ricos en hierro con otros en vitamina C para mejorar su absorción: carnes, pescado azul, marisco, frutos secos, legumbres…

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