Consejos para tener un cerebro sano y creativo

Ejercicios mentales

El cerebro es un trabajador incansable que funciona las 24 horas del día, incluso cuando dormimos o cuando nos quedamos en blanco. En todo momento se encarga de las funciones cognitivas, gestiona las emociones, el movimiento corporal, la respiración y el resto de funciones fisiológicas. Y una parte importante de la actividad cerebral se consagra a funciones menos prácticas, como el pensamiento abstracto, la creatividad, la empatía, las habilidades sociales, las ensoñaciones o la espiritualidad.

Un ejército de células. Para el desarrollo de todos estos aspectos esenciales de nuestra vida, el cerebro cuenta aproximadamente con 85.000 millones de neuronas que tienen, cada una, 100.000 conexiones con otras neuronas.

BUSCA ESTÍMULOS POSITIVOS

Plantéate objetivos. Estas conexiones se pueden fortalecer mediante estímulos que les induzcan a activarse. Estos estímulos pueden ser de muchos tipos: sensoriales, memorísticos, relacionados con nuevos aprendizajes o incluso aquellos que nos conectan con la autopercepción y con nuestro yo interior más íntimo.

Abre tu mente. Por ello es siempre importante que mantengamos el interés en nuevos retos, proyectos e ilusiones que fomenten la estimulación viva y activa de la mente.

Nuevas neuronas. Se sabe que el cerebro humano tiene la capacidad de generar nuevas neuronas (neurogénesis) en todas las etapas de la vida. Aunque no existe una fórmula mágica o única que funcione para todos, numerosos estudios científicos demuestran que disponemos de diferentes formas de inducir la neurogénesis, sobre todo en áreas relacionadas con la memoria. Te contamos a continuación cuáles son las facetas que te conviene reforzar para lograr esta regeneración continua y positiva del cerebro.

MÁS ALLÁ DE LO INTELECTUAL

Ejercicio físico. Antes de la era del motor, la historia del ser humano estaba ligada a la actividad física y el cerebro evolucionó para gestionar un cuerpo en continuo movimiento, que realizaba una gran diversidad de tareas. Sin embargo, en el último siglo esta tendencia ha cambiado.

Imprescindible. Mantenerse activo sigue siendo un elemento clave para la salud cerebral: mejora la concentración, la memoria, el estado de ánimo… Además, refuerza las conexiones neuronales e incluso aumenta el número de neuronas en el hipocampo (zona del cerebro donde se gestionan nuestros recuerdos y la orientación espacial).

Te protege. Se ha comprobado que practicar ejercicio regularmente previene la aparición de enfermedades como el alzhéimer, el párkinson, la demencia senil o los trastornos anímicos. Además, estudios recientes han demostrado que el ejercicio beneficia el conocido como «el otro cerebro», es decir, la microbiota intestinal.

DE LAS PIERNAS A LAS NEURONAS

Muévelas. El simple hecho de ejercitar las piernas –corriendo, saltando, bailando, etc.  fomenta la producción de nuevas neuronas. Cuando las áreas del cerebro responsables de la coordinación motora están dañadas, el cerebro intenta repararlas reponiendo las conexiones afectadas (neuroplasticidad). Por eso las personas con movilidad reducida o los astronautas que pasan meses en ingravidez (y ejercitan poco las piernas) ven mermada su capacidad de neurogénesis en el hipocampo hasta un 30 %. En cambio, las personas que habitualmente caminan, pedalean, nadan o suben escaleras están fomentando sus conexiones neuronales.

Salud mental. Correr a buen ritmo, practicar senderismo, andar por la naturaleza… son propuestas excelentes que fomentan el equilibrio emocional, agudizan las capacidades mentales, activan los circuitos de memoria y limpian el cerebro de residuos tóxicos. Además, se ha comprobado que hacer cualquier tipo de ejercicio en espacios nuevos, que no hayamos explorado antes, resulta de gran ayuda para prevenir la pérdida de memoria.

El entrenamiento perfecto. Si deseas potenciar al máximo tu cerebro a través del ejercicio físico, existe una fórmula. Experimentos efectuados por investigadores americanos, ingleses y lituanos concluyeron que correr velozmente durante media hora o en intervalos de 10 minutos a la máxima potencia durante siete semanas, mejora la actividad de las neuronas precisamente en las regiones del cerebro encargadas de procesar la información y la toma de decisiones.

Haz lo que puedas. Si no te gusta correr o tu condición física no es demasiado buena y no puedes realizar grandes esfuerzos, no te desanimes. Actividades sencillas como andar, practicar yoga, taichí o meditar aumentan significativamente la atención, mejoran las habilidades cognitivas y potencian la capacidad de aprendizaje.

NO ESCATIMES LAS CARICIAS

Capacidad sensorial. Meses antes de nacer desarrollamos una alta sensibilidad a los estímulos afectivos. Llevamos la emoción inscrita en nuestras células desde la etapa fetal y, por eso, necesitamos interactuar con los demás durante toda la vida.

Reconocimiento. Según el psicoterapeuta Claude Steiner, las caricias pueden ser un acto positivo de reconocimiento (una palabra amable, la escucha atenta, una palmada en la espalda, una sonrisa) o negativo (un grito, un comentario despectivo, una mirada de desaprobación). En general, las negativas son el resultado de sentimientos como baja autoestima, miedo o tristeza.

Desequilibrio. La carencia de interacciones positivas y el exceso de negativas en los niños provocan retraso en el aprendizaje y en el desarrollo de las capacidades mentales. En los adultos, es uno de los principales desencadenantes de depresiones, ansiedad o disfunción sexual, entre otras alteraciones.

Relaciones con química. El cerebro está estructurado para conectar con los demás y con nosotros mismos. La interacción con otras personas desencadena una actividad frenética de las neuronas, estimula las conexiones entre estas, así como la producción de un cóctel neuroquímico de neurotransmisores y hormonas.

Interacción real. Por el contrario, la adicción a los dispositivos electrónicos aumenta el estrés, dificulta las habilidades comunicativas y la realización de tareas complejas.

Más afecto. Es importante reducir el uso de las redes sociales y favorecer las caricias afectivas y amorosas, que nos permitirán crear un armazón sólido sobre el que construiremos una actividad cerebral saludable.

CUIDA LO QUE PIENSAS

Experiencia previa. Según estudios neurocientíficos, tenemos unos 70.000 pensamientos al día. El cerebro los forja a partir de lo que percibe y de las experiencias vividas. Es decir, la conciencia que tenemos de nosotros y del mundo depende de gran variedad de estímulos que la mente procesa.

Toma conciencia. La percepción de nuestro cuerpo también la marca la experiencia. Por eso, si estamos convencidos de que no somos capaces de realizar una actividad, es probable que anulemos nuestra capacidad potencial para realizarla. Sin embargo, podemos cambiar nuestra percepción: si creamos otras formas de pensamiento, las neuronas activarán nuevos circuitos y reaccionaremos de forma diferente.

Trabajo interior. Pensar en modo positivo no basta para superar los sentimientos negativos anclados en nuestro pasado. Hace falta trabajo interior, meditación y transformación de hábitos para crear nuevos alicientes. Podemos empezar por ganar batallas diarias contra la mente cuando se empeñe en bajarnos el ánimo y la motivación. Y también exterior. El lenguaje corporal también nos puede ayudar: si nuestro cuerpo actúa con alegría, el cerebro se contagia e interpreta que todo va bien.

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