¿Duerme mal tu bebé? Consejos para ayudar a dormir bien

Dormir mal bebé

Si nadie descansa bien debido a los largos despertares del bebé, hay que hacer algunos cambios

¿Cómo es el sueño de un recién nacido, de un lactante y de un niño?

Desde que un bebé nace el sueño cambia muchísimo y madura a medida que crece. El sueño del recién nacido se caracteriza por no seguir ningún tipo de patrón. Es irregular y el periodo más largo puede ocurrir tanto de día o de noche. Pasa por dos fases: sueño tranquilo (REM) y sueño ligero (superficial).

Hacia los 3 meses de edad se empieza a organizar el sueño NREM y el sueño empieza su evolución. Los ritmos circadianos vigilia-sueño se van desarrollando con lo que se da un ritmo multimodal caracterizado por las siestas diurnas y un periodo largo nocturno. Sus fases se van organizando y se observa cómo, mes a mes, los periodos de vigilia van aumentando, pasando a través de las diferentes transiciones de siestas, hasta que entre los 3 y los 4 años ya no necesita dormir durante el día.

A partir de los 8-10 meses, la organización y los ciclos comienzan a ser muy parecidos a los del adulto. A partir del año, los cambios madurativos son más lentos y su sueño se suele mantener más estable.

¿Cómo identificar si nuestro hijo tiene un problema de sueño o un trastorno del sueño?

Es importante saber que un problema de sueño y un trastorno de sueño son dos cosas diferentes. Los primeros se relacionan con las rutinas y la higiene del sueño. Los segundos aparecen a pesar de tener una correcta higiene de sueño, aunque esta ayuda a mejorar la calidad. La mejor manera de identificarlo es consultar con un especialista y, en caso de sospecha de un trastorno de sueño, hacer los análisis pertinentes para detectar de qué se trata y poder iniciar el tratamiento más adecuado para ayudar al pequeño a tener un descanso reparador.

¿Qué es normal y qué no con respecto al sueño?

La lista de preguntas que nos hacen las familias sobre lo que es normal y lo que no es larguísima. Generalmente, siempre nos consultan sobre la cantidad de horas que duermen sus bebés. Es cierto que cada peque tiene unas necesidades diferentes, pero siempre recomendamos estar dentro de los intervalos de las recomendaciones de horas de sueño según la edad. Por ejemplo, si un bebé de 6 meses duerme 2 horas de sueño diurno y 8 horas de sueño nocturno (un total de 10 horas al día), diríamos que tendría que dormir entre 4 y 6 horas más. No solo para estar dentro de la normalidad, sino también porque es lo que realmente necesita para un correcto desarrollo. Con estos intervalos de horas no pretendemos asustar a las familias cuyos bebés no llegan a dormir lo que aparece en las tablas, solo queremos poner en valor el sueño como uno de los pilares de una vida saludable a cualquier edad. Si su bebé duerme menos, los animamos a intentar alargar sus horas de sueño probando diferentes técnicas dependiendo de la edad y del caso.

Otra consulta muy recurrente es sobre los despertares nocturnos. Es importante entender que son completamente normales. La realidad es que nadie “duerme del tirón”, todos los seres humanos tenemos microdespertares al pasar de un ciclo de sueño al otro: nos acomodamos, nos tapamos o destapamos… y volvemos a dormir casi sin darnos cuenta. Lo mismo les pasa a bebés y niños.

La diferencia es que cuando un bebé no puede conciliar el sueño de nuevo y necesita un empujoncito para volver entrar en un estado de calma que le induzca el sueño, reclama esa ayuda. Es algo muy común. El problema surge cuando esos despertares se convierten en desvelos largos tras los que cuesta mucho que vuelva a dormir y toda la familia tiene un sueño fragmentado.

¿Qué puedo hacer si aún se sigue despertando por la noche y me reclama?

Depende de la situación y los objetivos familiares. Si la familia descansa bien y la intervención en los despertares nocturnos no supone un problema, no recomendamos cambiar nada. Por el contrario, si nadie descansa bien, los largos despertares empiezan a tener un impacto  negativo en la dinámica familiar y la intervención en los despertares no es algo sostenible en el tiempo, recomendaríamos hacer algunos cambios de cara a alargar los tramos de sueño nocturno.

¿Qué es la higiene del sueño?

La higiene de sueño son una serie de medidas o pautas para tener un descanso saludable.

– Ir a dormir pronto, preferiblemente antes de las 21 h.

– Horario adecuado de siestas para su edad.

– Mantener horario diario regular.

– Establecer una rutina que sea positiva, tranquila y consistente para la hora de dormir.

– Espacio para dormir que propicie el sueño: fresco, oscuro y silencioso.

– Fomentar la autonomía para conciliar el sueño.

– Evitar luces brillantes antes de dormir y durante la noche. Aumentar la exposición a la luz natural por la mañana.

– Evitar comidas pesadas y actividades estimulantes cerca de la hora de ir a dormir.

– Mantener todos los dispositivos electrónicos (televisores, ordenadores y móviles) fuera de su habitación. Limitar su uso antes de ir a dormir.

– Evitar la cafeína, bebidas azucaradas y chocolate, sobre todo, antes de dormir.

¿Qué es lo que le hace a un niño tener esos despertares tan frecuentes?

Hay muchas razones por las que un niño se despierta por la noche. Siempre es importante analizar la situación y comprender cuál es la situación de cada familia.

Generalmente, nos encontramos con bebés y niños que tienen un sueño fragmentado porque:

– No siguen un horario adecuado para su edad.

– Han entrado en un estado de hipercansancio continuo que no les permite dormir.

– Necesitan apoyos de sueño para conciliar el sueño tanto al inicio de la noche como en las siestas o en los despertares nocturnos.

– No tienen una rutina clara y predecible para dormir (o sí la tienen, pero ha dejado de funcionarles).

– Duermen en varios entornos de sueño: inician el sueño en un lugar y se despiertan en otro.

Colecho, ¿bueno o malo?, ¿cuándo sí y cuándo no?

No nos gusta hablar de cosas buenas o malas, sino de cosas que funcionan o no. Para nuestro equipo, todas las maneras de dormir son opciones perfectamente válidas: en la misma habitación, en habitaciones separadas, en la misma cama, con la cuna cerca, cuna de colecho… siempre y cuando el descanso de toda la familia sea el adecuado.

Cuando un peque duerme poco o mal, hay que evaluar en qué medida el lugar que se ha elegido para su descanso está afectando a su sueño y cómo podemos aportar las circunstancias más adecuadas para el descanso de toda la familia.

Las principales asociaciones pediátricas internacionales recomiendan el uso de cunas de colecho y evitar el colecho en la misma cama si:

– El bebé es menor de 4 meses.

– El bebé es prematuro o nació con bajo peso.

– Si los padres son fumadores.

– La madre del bebé fumaba durante el embarazo.

– Si alguno de los padres ha tomado algún medicamento o drogas que podrían hacerle más difícil despertarse.

– Tras la ingesta de cualquier tipo de alcohol.

– La superficie de la cama se hunde y no es firme.

– Hay elementos en la cama como almohadas o mantas.

Existen directrices para un colecho seguro a partir de los 4 meses de vida del bebé:

– El bebé debe dormir bocarriba, nunca bocabajo o de lado.

– El colchón debe ser plano y firme.

– No se debe dormir en un sofá.

– Asegurarse de que el bebé no pueda caerse de

la cama ni quedar atrapado en ningún hueco.

– Evitar el uso de cualquier elemento que pueda sobrecalentar al bebé o cubrir la parte superior de su cuerpo o su cabeza (almohadas, mantas, edredones, cojines, almohadas, posicionadores, peluches…).

– Evitar compartir cama si se está enfermo, con fiebre o con exceso de cansancio.

– Evitar compartir cama con mascotas también.

¿Qué son y cómo actuar ante: pesadillas, terrores nocturnos y sonambulismo?

PESADILLAS

Las pesadillas aparecen a partir de los 2 años y pueden suceder hasta los 10 años. Son parte de un desarrollo normal: los peques empiezan a comprender que existen cosas que les pueden hacer daño.

Las pesadillas en bebés y niños ocurren durante la segunda mitad de la noche en la fase REM. Al día siguiente será capaz de explicarte con bastante detalle lo que ha soñado porque lo recordará.

Cómo reaccionar: es probable que se despierte gritando, llamándote o llorando desconsoladamente. Acude a su llamada para darle consuelo y calmarle. Explícale que ha sido una pesadilla y que no es real. Se encuentra en un estado de alerta que puede dificultar que vuelva a conciliar el sueño. Para que lo consiga, comprueba que no hay monstruos debajo de la cuna, la cama o dentro del armario y quédate con tu peque hasta que veas que está tranquilo. Dale un beso de buenas noches y ¡a dormir!

TERRORES NOCTURNOS

Los terrores nocturnos son poco comunes. Según los últimos datos, solo lo sufren entre un 1 % y 5 % de los niños en edad escolar (entre los 3 y los 6 años). Ocurren durante el primer tercio de la noche, en la fase NREM.

Cuando un niño tiene un terror nocturno está dormido profundamente pero está muy agitado y es difícil consolarlo porque no reacciona ante ningún estímulo. Aunque está profundamente dormido, sus ojos están abiertos y es muy posible que grite o emita sonidos.

Después del episodio, vuelve a un estado de sueño profundo. Al día siguiente no recuerda absolutamente nada, es como si no hubiera pasado.

¿Cómo reaccionar ante un terror nocturno?

Mientras un niño está en pleno terror nocturno se recomienda vigilar y evitar que se haga daño con cualquier elemento o cayéndose de la cama. Mantener la calma es clave para actuar correctamente. Aunque vosotros estéis al borde de tener un infarto, vuestro peque no se está enterando de nada.

Se recomienda no despertar al niño que está pasando por un terror nocturno porque en ese momento no es consciente y está como dentro de un sueño. Aunque es difícil, si consigues despertarlo, va a estar mucho más confundido y agitado y le va a costar volver a dormir otra vez. A los 10 minutos, el terror nocturno debería haber acabado. Asegúrate de que está bien, un beso de buenas noches y a dormir otra vez.

SONAMBULISMO

Es un trastorno del sueño muy frecuente en los niños en la edad escolar, con incidencia máxima entre los 4 y los 8 años. El episodio suele suceder durante la primera parte de la noche, en las fases 3 y 4 del sueño NREM.

La duración es variable y suele finalizar espontáneamente volviendo al sueño normal y tranquilo. El comportamiento puede variar según el niño. Generalmente, el niño deambula por la habitación con los ojos abiertos, la mirada fija y las pupilas dilatadas. Normalmente, no reacciona a los estímulos externos, aunque a veces puede provocar algún tipo de reacción. Al día siguiente no recordará nada.

No se recomienda despertar a un niño en pleno episodio de sonambulismo, le podría causar una sensación de extrañeza e inseguridad, incluso desorientación. La mejor recomendación es guiar al niño de nuevo hacia la cama.

¿Cuándo acudir al pediatra?

Recomendamos siempre hablar con el pediatra del sueño del bebé o del niño como parte de su desarrollo normal. Si el problema persiste también sugerimos acudir a un especialista en sueño infantil para poder evaluar la situación y mejorar su descanso.

¿Cómo prevenir la muerte súbita del lactante?

Algunos de los consejos para reducir la muerte súbita del lactante también van encaminados a reducir el riesgo de asfixia del bebé:

– Colocar al bebé bocarriba para dormir hasta que cumpla un año. Hay bebés que aprenden a voltearse antes del año, si se cambia de posición y sabe volver a ponerse bocarriba, no hay problema.

– Superficie firme y plana. El espacio para dormir es importante, debe ser seguro y diseñado para un sueño seguro. No se recomienda que el bebé duerma largos periodos en espacios no destinados a dormir como hamacas, carrito, sillita del coche, sofá…

– Cuna despejada. Mientras el bebé duerme, se debe mantener fuera de la cuna cualquier manta, almohada, peluche, posicionador, protectores, nidos… Si se utiliza ropa de cama, hay que asegurarse de que queda tensa y bien metida debajo del colchón para que no pueda soltarse. A partir de los 12 meses de vida estos elementos representan un menor riesgo de asfixia.

– Compartir habitación con el bebé como mínimo hasta los 6 meses de edad.

– Las últimas investigaciones señalan que la lactancia materna reduce entre un 50 % y un 70 % el riesgo de muerte súbita.

– El uso del chupete. Evitar el uso de chupeteros, sobre todo mientras duerme.

– Evitar el uso de productos que prometen reducir el riesgo de muerte súbita sin eficacia probada, podría llevar a los padres a obviar otras medidas.

– No abrigar en exceso al bebé.

¿Te gusta este post? ¡Compártelo!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *