Guía para viajar a La Palma

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La naturaleza se encaprichó de este territorio y le ha dado todo: ciudades históricas, volcanes activos, calderas profundas, cielos limpios, bosques con especies endémicas, playas de arena negra… Esta isla es en sí misma un monumento a la biodiversidad en el que los palmeros contribuyen activamente.

Isla Bonita, Isla Corazón o Isla Verde. Estos sobrenombres describen a La Palma, la quinta ínsula canaria en población y extensión, de momento… Y es que, una nueva erupción podría añadir metros a su superficie, como sucedió en El Hierro. La capital es Santa Cruz de la Palma, una pequeña ciudad cuyo puerto tuvo durante el siglo XVI la exclusividad del comercio con América, junto a Sevilla y Amberes. Los hombres de negocios y burgueses dejaron su impronta en el tejido urbano con bellos edificios coloniales y las calles O’Daly y Anselmo Pérez de Brito —conocida hoy como Calle Real— acaparan gran parte del patrimonio histórico.

UN TESORO PARA LOS PIRATAS

Las riquezas que estas familias atesoraban eran tales que los bucaneros se encariñaron con la isla. El corsario Frarnois Le Clero, apodado Pata de Palo, logró entrar en Santa Cruz, en 1553, dejando a los palmeros sin mercancías y con la ciudad asolada por un incendio que permitió su huida.

La urbe se reconstruyó con tres fuertes para su defensa. El de Santa Catalina, en perfecto estado, repelió el ataque de Francis Drake, un pirata al servicio de Isabel I de Inglaterra que dedicó su vida a quebrar los negocios de Corona española con América. En el centro histórico, acércate a la foto-génica Plaza de España, un conjunto monumental renacentista donde destaca la sede de la UNED, que ocupa una casa con un balcón saledizo —típico de la arquitectura popular canaria— fabricado con pino tea canario. Visita también la Plaza la Alameda, que cuenta con una réplica de la nao Santa María (sede del Museo Naval) y un original y decimonónico quiosco-bar.

Antes de abandonar Santa Cruz hay que pasar por El café de don Manuel (Anselmo Pérez de Brito, 2), un pequeño local en el que Rayeo Jesús Paz sirve un expreso ganador de varios premios, entre ellos al mejor barista de España en 2016. Rayco también borda el barraquito, la especialidad canaria a base de café, leche condensada, canela, limón y un chorrito de licor Tía María, Licor 43 o cachaça.

Seguro que sabes que La Palma fue declarada Reserva de la Biosfera por la Unesco en 2002. Su corazón es la Caldera de Taburiente, Parque Nacional desde 1954, un paraíso para los senderistas por esconder escenarios muy diferentes. Este enorme circo con 8 km de diámetro, ubicado a 2.000 metros, se formó por erupciones volcánicas, deslizamientos de tierra y la erosión producida por torrentes de agua. Este entorno único ha permitido desarrollar especies endémicas. Son muy llamativos los enormes ejemplares de pino canario, que han logrado adaptarse a los incendios, pues los árboles siguen vivos bajo la corteza quemada.

Los senderistas pueden descubrir sus secretos eligiendo entre infinidad de caminos señalizados o bien acercarse en coche hasta el mirador de La Cumbrecita, desde donde parte una pista circular que pasa por el mirador de Los Roques.

CETÁCEOS, VOLCANES Y ESTRELLAS

Esta carretera da acceso a la Ermita de la Virgen del Pino, construida al lado de una conífera gigante en la que la tradición dice que los castellanos encontraron una imagen de la Virgen durante una pausa en la lid contra los benahoaritas, un pueblo bereber que habitaba la isla.

Muy cerca de aquí se encuentra Los Llanos de Aridane. Su casco histórico merece una parada antes de dirigirse hacia la costa, que te llevará a atravesar un paisaje tapizado de plataneras, principal fuente de ingresos de La Palma.

Al llegar al Puerto de Tazacorte se observa que es punto de partida de las excursiones para avistar los cetáceos; sobre todo delfines, calderones y, excepcionalmente, zifios de cuvier y orcas. Los que buscan actividades submarinas tienen que dirigirse a Puerto Naos, Charco Verde o Fuencaliente, donde se encuentran Las Cruces de Malpique, un cementerio submarino en recuerdo de 40 franciscanos que los piratas arrojaron al mar.

Muy cerca se halla Teneguía, el último volcán que entró en erupción en suelo español y recibe el nombre del roque sagrado en el que los indígenas realizaron tallas. Estuvo casi un mes escupiendo fuego y lava durante el año 1971; aunque las cosas se ven ahora más calmadas en Fuencaliente, un municipio del sur de la isla con impresionantes paisajes volcánicos.

Uno de los momentos álgidos del calendario de eventos en La Palma es la celebración en mayo de la muy exigente ultramaratón Transvulcania. Una opción mucho más tranquila es encarar la Ruta de los Volcanes. Se trata de un sendero que recorre el extremo sur isleño entre el Cráter de San Antonio, formado tras una erupción en el siglo XVII, y las Salinas de Fuencaliente. Esta población es popular por una fantástica flor de sal producida en unos salobrales familiares que llevan tres generaciones en esta brega. También es conocido por la calidad de sus vinos cultivados con variedades locales de la D.O. La Palma.

El extremo más septentrional de la isla ofrece un aspecto radicalmente diferente. Se inicia el itinerario visitando el Roque de los Muchachos, donde una capa de nubes por debajo de los 2000 m permite ver el inmaculado firmamento. La isla es, junto a Hawái y Atacama (Chile), el mejor lugar del planeta para observar los cielos.

Para bajar hacia la costa norte, si el tiempo acompaña, se puede tomar la carretera de Las Mimbreras (LP-109), hacia Barlovento. Es una preciosa vía de montaña cubierta de monte verde, mezcla de laurisilva y fayalbrezal, que se cierra al tráfico en días de temporal. A pesar de la estrechez de la carretera dispone de varios miradores para tomar fotografías.

En Puerto Espíndola, una aldea con una agreste playa de arena negra y una piscina junto al mar donde darse un baño, se encuentra uno de las escasas destilerías de ron que quedan en La Palma. Desde aquí parte un caminito de 2 km que bordea la línea marítima, pasa por el Charco Azul y termina en la coqueta aldea de San Andrés. A escasos kilómetros, te toparás con el Cubo de la Galga, un sendero que atraviesa uno de los bosques de laurisilva más hermosos y frondosos del archipiélago canario, sin duda, una de las razones que llevaron a la Unesco a declarar la isla Reserva de la Biosfera.

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