Guía para viajar a la República Dominicana

Viajar a la República Dominicana

Bendecida por kilómetros de playas de arena blanca, la costa este de la República Dominicana ejerce la gran responsabilidad de ser la imagen y marca de todo el país. El proyecto original de Frank Rainieri y sus socios en Punta Cana fue el motor que transformó esta tierra de ganaderos y agricultores en uno de los destinos más deseados del planeta.

Ahora, a las fantásticas playas de las regiones de Altagracia y La Romana hay que añadir una enorme variedad de proyectos hoteleros y una apuesta clara por la alta gastronomía.

Empezamos este viaje por uno de los destinos más populares del mundo explorando hoteles que detrás de sus muros esconden un viaje en sí mismo.

Uno de ellos es el popular Hard Rock Hotel Punta Cana, un establecimiento decorado con objetos personales de estrellas de la música, lo que le convierte en un lugar apto para jóvenes y parejas con marcha. Guitarras, vestuario o incluso, coches. Todo ello forma parte de la colección propiedad de la franquicia, que dicen ya suma más de 84.000 items. Los escenarios del este hotel han acogido espectáculos de Maná, Shakira y Justin Bieber, así que no es extraño que la fiesta no pare hasta altísimas horas de la madrugada.

Al margen de todo el fenómeno fan, la mejor razón para venir a este hotel probablemente sea la franja de playa que le toca, puesto que es el último de todos los hoteles construidos en Bávaro y está no muy lejos de la coqueta Playa de Macao. Tanto amaneceres como atardeceres por aquí son muy generosos con los amantes de la fotografía y el postureo.

Muchas más oportunidades para presumir entre nuestros seguidores y amigos ofrece Puntacana Resort & Club, el exclusivo centro residencial y de vacaciones donde verdaderamente empezó a desarrollarse y consolidarse este lugar como destino mundial.

Rodeado por más de 4 km de playas de arena blanca, Puntacana Resort & Club comprende actualmente tres hoteles de lujo –uno de ellos, Tortuga Bay, el único hotel calificado con 5 diamantes en todo el país–; decenas de villas de privacidad a prueba de drones; dos spas Six Senses; campos de golf que suman 45 hoyos; un aeropuerto internacional y hasta un pueblo con escuela para hijos de empleados, tiendas y restaurantes.

Conscientes de la importancia de la compatibilidad de su actividad turística con la conservación del ecosistema sobre la que se asienta, los promotores del proyecto Punta cana Resort & Club destinan parte de sus ingresos a una Fundación cuya actividad se centra en proyectos medioambientales y sociales vinculadas a comunidades próximas.

CUIDADO AMBIENTAL

La actividad más popular de la Fundación es la visita guiada a la Reserva Ecológica de los Ojos Indígenas: doce lagunas de agua dulce procedente de un río subterráneo rodeadas de un bosque de transición húmedo en las que es posible darse un chapuzón.

La sede de la Fundación mantiene sus puertas abiertas a todos los que deseen conocer sus proyectos. Especialmente interesantes son los relacionados con el mar, al ser la playa el principal recurso económico de la zona. Así, se está cuidando mucho por el buen estado de salud de los corales y del hábitat del pez loro, ambos seres colaboradores necesarios de que esta costa cuente con fina y blanca arena.

Tomando la Autopista del Coral en dirección a Santo Domingo se alcanza la provincia de La Romana, donde se ubica Casa de Campo, otro de los resorts de referencia con 1.800 villas de lujo, y con precios que oscilan entre los 1.300 y 10.000 dólares la noche.

Sus dos puntos más emblemáticos son la Marina, la playa Minitas y los Altos del Chavón, un ‘pueblo’ de artesanos, sede de la mejor escuela de arte del país y de un pequeño museo etnológico.

Construido siguiendo el estilo medieval italiano, Altos del Chavón cuenta con un anfiteatro greco-romano que fue inaugurado en 1982 por el mismísimo Frank Sinatra.

Desde la terraza de los Altos se ve el río que les da nombre, reconocible por haber sido escenario de rodaje de películas ambientadas en Vietnam como Apocalipsis Now o Rambo II.

Campos de caña de azúcar y braceros haitianos que los trabajan conforman una postal caribeña que traslada hasta los tiempos del segundo viaje de

Cristóbal Colón, cuando el navegante trajo cañas de azúcar de las islas Canarias para plantarlas por primera vez en América. Durante los primeros siglos de la conquista de América fue el puerto principal de entrada de mercancías, la isla también ostenta el dudoso honor de ser el primer lugar del continente a donde se llevaron esclavos africanos para trabajar los nuevos cultivos.

Considerado como uno de los primeros asentamientos europeos del Nuevo Mundo, Santo Domingo conserva un trazado urbano en perfecto damero en el que aún se encuentran muchos edificios coetáneos de Nicolás de Ovando, su fundador. Los más emblemáticos están en la Plaza de

Colón o de Armas, donde se ubica la estatua del descubridor, quien señala con el dedo en dirección a Europa.

DE PASEO POR LA CAPITAL

En la Catedral de Santa María de la Encarnación, de estilo gótico, también se pueden seguir las aventuras del navegante, ya que en su capilla central estuvo su primer sepulcro, siendo luego trasladado a Cuba y más tarde a Sevilla. Este tema sigue siendo objeto de polémico debate, puesto que años después de la exhumación se halló en la misma catedral un arqueta con una inscripción que aseguraba que contenía los restos de Colón.

Aunque nunca se han hecho análisis del ADN de esos restos, las autoridades dominicanas los trasladaron en 1992 al Faro de Colón, una mole monumental de hormigón situada en la orilla opuesta a la ciudad colonial, en cuyo interior se disfruta de una muestra de objetos de los pueblos originales y estados modernos de América.

Santo Domingo fue una ciudad de paso obligado en casi todos los viajes transoceánicos, pero nunca fue una plaza fuerte a pesar de que cuenta con su muralla y una fortaleza que permaneció con uso militar hasta la caída de la dictadura de Trujillo, que la convirtió en un centro de detención para sus detractores.

De la misma época se conservan calles como la de las Damas o del Conde; edificios históricos como el Monasterio de los Dominicos, germen de la primera universidad de América; la gótica Casa del Cordón, el renacentista palacio virreinal de don Diego de Colón por solo citar algunos de ellos.

Éste último ha sido adaptado como museo y en sus estancias se muestran muebles de época y cuadros que nos ayudan a trasladarnos a la primera época de la colonización española del Nuevo Mundo.

La última incorporación al catálogo monumental de esta ciudad Patrimonio de la Humanidad son las Atarazanas Reales, los antiguos almacenes del puerto que se han rehabilitado para alojar un fantástico museo de arqueología submarina. En sus salas y vitrinas se expone todo tipo de artefactos encontrados entre los restos de los grandes mercantes que naufragaron en las aguas dominicanas, desde el siglo XVI y final del siglo XIX.

La cara más sofisticada de la capital la encontramos en el Hotel Embajador, toda una institución nacional, tanto que muchos dominicanos consideran parte de un identidad. Inaugurado en los años 50 del siglo XX, El Embajador es un punto de encuentro para los amantes de la gastronomía y la moda dominicanas, ya que sus salones son sede oficiosa de las sesiones de la Academia Dominicana de la Gastronomía, además de acoger las primeras ediciones de Dominicana Moda, principal escaparate de diseñadores de un país orgulloso de ser la patria del internacional

Óscar de la Renta.

El Embajador está integrado en la cadena española Barceló, quien se ha encargado de su reciente remodelación, por lo que vuelve a estar listo para recibir de nuevo a los equipos de rodaje de Hollywood –’El Padrino II’, ‘The Lost City’ y ‘La fiesta del chivo’ se han rodado aquí–, y a huéspedes ilustres como las diseñadoras Carolina Herrera y Ágatha Ruiz de la Prada.

PENÍNSULA DE SAMANÁ

El primer contacto de Colón con los indios caribe de La Española tuvo lugar en las costas de Samaná, una paradisíaca península y bahía localizada en el extremo nororiental del país.

Conocedores del valor de los ecosistemas de Samaná y animados por las buenas conexiones por tierra que hay con la capital, cada vez son más los viajeros los que la eligen como su destino dominicano principal. Samaná es el punto de partida para explorar el Parque Nacional de los Haitises, una formación cárstica que salpica el extremo sur de la bahía de islotes y cavernas en donde se produce una rica variedad de vida vegetal y animal, principalmente en las zonas circundantes a los abundantes manglares.

Durante el invierno, la bahía de Samaná es un hervidero de ballenas en celo, momento ideal para salir a verlas en plena acción, dando saltos y moviendo la cola para llamar la atención de las hembras.

Cualquier momento del año es bueno para recorrer y bañarse en las bellísimas playas de Cayo Levantado y Rincón o darse un paseo por Santa Bárbara de Samaná, ciudad fundada por canarios en el siglo XVIII.

Aquí hay que visitar la Iglesia de la Churcha, fundada por esclavos libertos de Filadelfia y las islas británicas del Caribe, y pasear y disfrutar de su malecón al atardecer.

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