Qué ver en Shanghái

Visitar Shanghái

Rascacielos. Campos de arroz. Un paseo en barca por los canales. Un cuenco de fideos con bambú. Budas de piedra y oro. Templos de mil colores. Ríos y paisajes cársticos…. Este es el tráiler de un viaje en tren de alta velocidad por algunas de las ciudades y paisajes más bellos de China suroriental.

Shanghái siempre fue una ciudad asociada al misterio y al glamour. Su pasado canalla vinculado al opio y a los clubes nocturnos durante la presencia británica, llegó al resto del mundo de la mano de la literatura y el primer cine de Hollywood –un buen ejemplo es Shanghái Express (1932) interpretada por Marlene Dietrich–, los que contribuyeron a envolverla en ese halo de exotismo prohibido.

Pero la Shanghái del siglo XXI ya no es ni la sombra de lo que una vez fue. Hoy la megalópolis más moderna y progresista de China es el músculo financiero del país. Y su distrito de Pudong (sí, ese skyline tan famoso que aparece en todas las fotos) es el mascarón de proa de ese poderío económico. Si en los años 30 las películas norteamericanas retrataban sus suburbios, en nuestro siglo la misma industria del celuloide se ha rendido a sus encantos de acero y hormigón.

Seguramente recordarás a Tom Cruise saltando al vacío desde un rascacielos de Pudong en ‘Misión Imposible III’ (2006) y a James Bond (Daniel Craig) rodeado de arquitectura futurista en Skyfall (2012). Y es que desde hace unos años, el barrio de Pudong –igual que la Nueva York de principios del siglo XX– está inmerso en una competición constructiva.

De hecho la ciudad acaba de inaugurar aquí un nuevo edificio para su postal: la Torre de Shanghái, que con sus 632 metros se sitúa como el segundo rascacielos más alto del mundo. Si nunca has estado en Shanghái ya tienes una primera referencia a buscar para situarte. Si viniste antes de septiembre de 2016, tendrás que regresar para poner al día tus atractivas panorámicas de la urbe.

Shanghái es vanguardista y vibrante, sí, pero demasiado parecida a tantas junglas de asfalto del mundo y muy diferente ¡mucho! de lo que verás en otras zonas de China. Para encontrar las migajas de la Shanghái más costumbrista cuélate en algunos de los templos confucianos, budistas y taoístas que se conservan en el distrito histórico. Para que te sitúes: si Pudong queda a un lado del río Huangpu, el casco antiguo se ubica en la otra orilla. En estos templos, como ajenos a ese progreso que les llega a marchas forzadas, los fieles siguen practicando ritos milenarios rodeados de farolillos, velas y altares consagrados a las más diversas deidades.

Si solo tuvieras tiempo para uno, te recomendamos el Templo del Buda de Jade, uno de los últimos centros de culto budista en activo que queda en Shanghái. Su nombre da pistas sobre lo que encontrarás en él: una estatua de la deidad, de casi dos metros, que fue tallada de una sola pieza de jade. Pero no pretendas sacarla en Instagram, porque las fotografías dentro de la sala están estrictamente prohibidas.

En una ciudad en la que los iconos de la China tradicional son escasos, otro de los lugares donde se puede atisbar cómo fue Shanghái durante la era imperial son los muy famosos Jardines de Yu o Yuyuán. Este vergel acuático con sus magnolias, sus carpas de colores y sus casitas de té es el mejor rincón de la urbe –a juzgar por el éxito de afluencia– para hacerse una foto rodeada de arquitectura clásica. El conjunto perteneció a un alto funcionario de la dinastía Ming, quien lo hizo construir en 1559 para el solaz esparcimiento de sus ancianos padres. Dos datos peculiares sobre este jardín: la casa de té situada sobre la laguna exterior es uno de los restaurantes más antiguos, aún en funcionamiento, de Shanghái. Y otra curiosidad, las formaciones rocosas que decoran el espacio y que pesan unas 2.000 toneladas, fueron traídas desde la muy lejana (para la época) provincia de Zhejiang.

Junto a los jardines, en el bazar de Yuyuán, aunque es extremadamente turístico, encontrarás una variedad destacable de souvenirs típicos de la ciudad y de China en general. Nuestros favoritos: las artesanías de caligrafía hecha sobre papel artesanal, los vestidos de seda a medida y las cremas faciales en cajitas vintage.

Ah! Este es también un buen lugar para probar el street food más aclamado de Shanghái, los xiaolongbao, una especie de panecillos cocinados al vapor y rellenos de gambas o de cerdo, que para mejor comprensión de los anglófonos aquí se ofrecen como dumplings.

INSPIRACIÓN DE POETAS

Moverse por China nunca antes fue tan fácil. Si en tiempos de Gengis Khan las distancias se medían por días a caballo y a principios del siglo XXI casi todos los trenes del país eran viejos, pesados y lentos, el panorama a día de hoy no tiene nada que ver. Hace diez años empezó a construirse la red de trenes de alta velocidad, una obra de ingeniería faraónica que hoy suma más kilómetros de vías (más de 22.000) que ningún otro país del mundo. Como imaginarás, con semejante despliegue, hoy se puede viajar rápidamente –con aire acondicionado y en asientos reclinables– entre muchas ciudades de China.

El trayecto de poco más de media hora entre Shanghái y la vieja Suzhou es un viaje que no solo se cuenta en kilómetros, sino en siglos de historia. Dejarás atrás los rascacielos para encontrar una ciudad que, a pesar de ser moderna, ha sabido conservar con esmero sus vestigios del pasado. Cuando Marco Polo llegó a ella en 1276 y descubrió su urbanismo plagado de canales la bautizó con un nombre que hoy es todo un topicazo: la “Venecia de Oriente”.

Según se cuenta en El Libro de las Maravillas –el documento en el que Marco Polo describía sus supuestas aventuras por Asia– en el siglo III Suzhou tenía 6.000 puentes de piedra. Queda claro que el autor tenía cierta tendencia a exagerar, pues en realidad Suzhou nunca tuvo tantos puentes; hubo y sigue habiendo unos 175, que tampoco está nada mal. Hoy, igual que en los tiempos del viajero veneciano, los canales siguen sirviendo para el transporte de productos desde el campo circundante hasta los mercados de la ciudad. Si lo deseas, puedes dar un paseo en barco por este laberinto acuático.

Los canales son un imán para los visitantes, pero hay otro atractivo en Suzhou que se cuenta por decenas: los jardines. Y es que la ciudad, que en el siglo XIV prosperó gracias al comercio de la seda, siempre atrajo a las élites económicas de la China medieval, quienes llegaron a construir más de 200 jardines clásicos en este lugar.

La expansión urbanística del siglo XX acabó con muchos de ellos, pero hoy aún se conservan 69 espacios verdes, 9 de los cuales son Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Y en todos ellos se cumplen dos certezas. La primera, cada uno cuenta con los cuatro elementos propios del jardín chino clásico, esto es, el agua, la vegetación, las rocas y la arquitectura tradicional en forma de pabellones y pagodas. La segunda: hay que visitarlos a primerísima hora, para evitar las multitudes.

Los más célebres son los Jardines del Administrador Humilde (que son los más grandes), los del Maestro de las Redes o del Pescador (que son los mejor conservados) y la Colina del Tigre (protagonista de una leyenda local) pero te recomendamos que indagues por ti mismo y descubras los menos transitados. Nosotros, en nuestra exploración particular, dimos con los tranquilos y evocadores Jardines de Panmeng.

MÍSTICA HANGZHOU

Reza un proverbio chino que “en el cielo está el paraíso y en la tierra están Suzhou y Hangzhou”, así que para seguir las recomendaciones de los ancestros, tu próxima parada (de tren de alta velocidad) debería ser Hangzhou. Esta localidad, que como tantas otras en China ha crecido hacia arriba y ha multiplicado su número de habitantes por miles, también fue visitada por Marco Polo, quien la describió como “la ciudad más bella y magnífica del mundo”. Y no solo él, sino innumerables emperadores, poetas y eruditos chinos elogiaron durante siglos el encanto de la que fue una de las capitales de la China imperial.

Hoy, aunque el horizonte está dominado por los rascacielos, el pintoresco Lago del Oeste, con sus sauces, sus colinas coronadas con pagodas y sus pasarelas de madera, sigue excitando la imaginación de los artistas. Pintores y fotógrafos suelen acudir para retratar el entorno y usarlo como marco para las sesiones a parejas de novios engalanados para la ocasión.

Para disfrutar de su ambientazo, alquila una bici o recorre a pie su animada ribera, un lugar donde siempre hay grupos bailando, gente practicando tai-chi o mayores jugando al mah jong. Y sobre todo, muchos turistas recorriendo el lago en barca. Si echas de menos el ambiente urbanita, te gustará saber que por la noche también hay acción en muchos puntos de la ciudad, como en la comercial Huancheng Road –siempre iluminada por las pantallas de los anuncios– o en el mercado nocturno de Wushan, donde encontrarás baratijas de todo tipo y una street food insuperable.

La atmósfera lúdica en el centro y a orillas del lago del Oeste nada tiene que ver con la profunda espiritualidad que se respira en otro punto de la ciudad, en el Templo de Língyin o del Alma Escondida. Fundado en el año 326 d.C, este monasterio budista lleva siglos acogiendo a los fieles que llegan desde toda China para recibir bendiciones.

Lo más espectacular de este recinto situado en plena naturaleza son los 470 budas tallados en piedra que se esconden en grutas y paredes diseminadas por las laderas del monte Feilai. Solo por ellos ya merece la pena visitar este lugar. Pero además Língyin acoge otro espacio para quedarse boquiabierto: la Sala de los Cuatro Reyes Celestiales, donde incluso los más devotos feligreses no pueden evitar hacer fotos a sus temibles guardianes de madera.

GUILÍN, LA NIÑA BONITA

Para llegar a Guilín desde Hangzhou tienes dos opciones. En el tren de alta velocidad que ya conoces y que tarda unas 8 horas entre las dos ciudades (antes se necesitaban casi 20 horas de viaje) o en avión, que cubre el trayecto en apenas dos horas. Guilín y su entorno se cuentan entre los destinos turísticos más visitados entre los propios nacionales chinos. ¿El motivo? Sus paisajes cársticos son un verdadero símbolo nacional a la altura de la Muralla China o la Ciudad Prohibida. La mejor publicidad –además de la propaganda sobre las virtudes de este lugar hecha desde el Partido durante décadas– fue la inclusión de una ilustración de los perfiles de Guilín en el reverso de los billetes de 20 yuanes en 1999 (aún en curso hoy). Que esta moneda haya estado pasando de mano en mano de millones de personas desde hace veinte años explica muchas cosas. Entre ellas por qué todo en Guilín está pensado para el visitante nacional, desde las coloristas iluminaciones nocturnas, que es algo por lo que los chinos sienten devoción, hasta las visitas guiadas por los lagos interiores, las grutas, los mercados de perlas y el entorno rural.

La opción más popular entre propios y extranjeros son los cruceros por el río Li, que suelen partir a primera hora de la mañana y que remontan el cauce fluvial hasta la pintoresca localidad de Yangshuo. Ah! Y que, por cierto, pasan frente al enclave que aparece en el billete de marras (unas 4 horas. Desde 45 €). Si te decides por uno de estos viajes por el río no esperes una experiencia muy íntima –hay tramos donde los barcos van, literalmente, en fila– pero sí prepárate para contemplar uno de los paisajes más bellos y evocadores de China. Picos redondeados de piedra caliza, bosques de bambú besando el agua, barquitos de pescadores,… todo en el paisaje parece que esté posando para una acuarela clásica. A la estampa sólo le faltarían unos osos panda para alcanzar la perfección.

Por lo que se refiere a Yangshuo, esta modesta población de pescadores fue reconvertida en aldea turística allá por los 80 y desde entonces sus calles son un hervidero de comercios y cafeterías.

Si aún te queda por hacer algunas compras estás de enhorabuena porque aquí hay de todo. Lo más interesante son las artesanías de las distintas minorías étnicas que se venden en los puestos junto al embarcadero, a lo largo del paseo fluvial y en la calle principal. En la nueva parte comercial al otro lado del puente que cruza la laguna, la oferta es más cara y sofisticada y adopta forma de alta repostería, joyería de autor y prendas de diseñadores locales.

CHINA SELECCIÓN

Cómo llegar

La compañía Finnair vuela cada día hasta Shanghai y Pekín desde diversas ciudades españolas con escala en Helsinki por 476 € ida y vuelta tasas incluidas. Los trayectos a China se realizan con los A350-900, aviones de última generación que son más espaciosos, confortables y eco-eficientes. www.finnair.com

Quién te lleva

La compañía TUI ofrece doce viajes combinados a China en su catálogo 2018-2019. La ruta Súper China tiene una duración de 13 días/11 noches e incluye las ciudades de Shanghai, Suzhou, Hangzhou y Guilín entre otras. Tiene un precio final desde 2.180 €. También ofrecen un circuito en tren de alta velocidad de 10 días/8 noches que recala en Pekín, Hangzhou, Suzhou y Shanghai, con visita a los principales puntos de interés de estas ciudades, por 1.535 €. A este programa se le pueden añadir algunas extensiones opcionales, como la que te lleva hasta Hong Kong (3 días más) o a otros países como Tailandia, Maldivas, Bali o Dubái. Más información en www.tui.com/es

Dónde comer

Es bien conocido que la gastronomía de China es tan variada y rica en matices como lo es su territorio. Las recetas cambian de una ciudad a la siguiente y eso en un país de unos 9.600 millones de kilómetros cuadrados y más de 1.300 millones habitantes es mucho decir. En algunos restaurantes cuentan con fotografías de los platos para que los extranjeros sepan qué pedir, así que ¡atrévete a probar cosas nuevas! En Shanghái más allá de los sempiternos xiaolongbao (panecillos al vapor rellenos) puedes degustar la exótica mizhi xunyú (carpa ahumada a la miel).

En Shanghái y también en Hangzhou, el plato estrella de la alta cocina se llama, paradójicamente, jiaohua ji o “pollo de mendigo”. Se hace envuelto en hojas de loto, cubierto en una gruesa capa de barro y cocido durante horas a baja temperatura. En la zona de Guilín son típicos los platos que incluyen lo cercano: el pescado de río y el bambú. ¿la estrella del lugar? el yangshuo pijiu yu (pescado a la cerveza).

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