Relojes personalizados de marca

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Tener un reloj que nadie más posea en el mundo es una posibilidad más antigua de lo que parece. Aunque el servicio de personalización de los relojes vive una nueva edad dorada gracias al uso de internet y las nuevas aplicaciones móviles.

Ningún traje queda mejor que el hecho a medida. Podemos decir lo mismo de los relojes. ¡Qué placer tener el privilegio de poder tener una pieza única en el mundo! No sólo es una cuestión de vanidad (aunque también tiene mucho de ella), sino de poder definir los gustos propios hasta dar la pieza soñada. Y esto es precisamente el lujo, ya sea en moda o en relojería. Servicio personalizado siempre ha existido en este sector. De hecho, las grandes piezas de finales del siglo XIX y comienzos del XX que hoy en día salen a subasta fueron en un principio diseñadas de manera exclusiva para sus respectivos compradores. Por esta misma razón alcanzan precios tan altos: son únicos en el mundo. El proceso era muy sencillo. Ibas a tu joyería preferida, decías a los encargados que hablaran con la firma y les explicaran cómo querías el reloj, dejabas una señal y a esperar en casa hasta que lo trajeran. Algo así tuvo que hacer Henry Graves cuando encargó a Patek Philippe la realización del reloj más complicado jamás fabricado, con la diferencia de alargarse un poco los plazos. A la manufactura de Ginebra le llevó ocho años elaborar la pieza desde que el banquero estadounidense la encargara en 1925. Tenía 24 funciones y costó un total de 60.000 francos suizos, lo que al cambio actual sería alrededor de 200.000 euros. ¿Mucho dinero? Hace tres años pagaron por él más de veinte millones de euros. Pocas inversiones más rentables hay en el mercado.

Como Patek Philippe, otras casas como Audemars Piguet, Vacheron Constantin o Breguet hacían sus relojes para los clientes especiales combinando su producción con piezas más accesibles presentadas en catálogo. Poco a poco, la racionalización de la industria impuso esta última solución y las grandes casas dejaron de dar este tipo de servicio con el fin de optimizar sus recursos. Como comentaba en una entrevista Thlerry Stem, presidente de Patek Philippe, hace unos años, ‘tenemos tantos problemas para responder a la demanda de nuestras novedades que no podemos quitarnos de ninguno de nuestros relojeros para dedicarlo en exclusiva a una pieza”. O al menos así ha sido hasta que Vacheron Constantin lanzará el proyecto Les Cabinotiers (anteriormente conocido como Atelier Cabinotiers) hace diez años con el fin de satisfacer de nuevo la demanda de este tipo de productos. La mayoría de las piezas de Les Cabinotiers son acabados personalizados de esfera. En un segundo nivel se encuentran las modificaciones (por dimensiones o material) de las referencias existentes en el catálogo. El cenit de este servicio, el gran sueño de todo coleccionista, es el reloj con complicaciones exclusivas. Lo consiguió el feliz propietario de la Referencia 57260, el reloj más complicado del mundo con 57 funciones, que fue presentado hace dos años y del que se desconoce quién su actual propietario y el precio que pagó por él.

Pero esto es un servicio excepcional dentro de la relojería y la fabricación de movimientos personalizados a la carta queda hoy en día limitado a unos pocos y prestigios relojeros artesanos corno Kari Voutilainen o Philippe Dufour. Para muchos coleccionistas, el verdadero placer (y lujo) de la relojería actual está en poder conseguir una pieza de estos autores. La relación va más allá de la mera transacción comercial y después siempre quedará el orgullo de llevar en el reloj el nombre del maestro que lo creó y a quien conociste personalmente.

Sin embargo, las cosas que se están poniendo cada vez más fáciles. ¡Cómo no iba a ser así si es posible hoy en día encargar un traje por internet a China y que nos lo envíen cómodamente a nuestra casa! Mucho más fácil al no tener que estar tomándonos medida con el metro de sastre. Y bastante divertido. Una de las firmas que más han apostado por la personalización de sus referencias es Armin Strom. Su gran novedad para este año es un configurador virtual que permite elegir entre seis bases mecánicas y, a partir de aquí, escoger el color del calibre, los barriletes, el realce, las agujas y el acabado de la caja y pulsera. El precio de la configuración final está disponible en todo momento y siempre tenemos la opción de subir nuestra ‘obra’ a las redes sociales para que nuestros amigos nos confirmen si tenemos buen gusto o somos un desastre combinando los colores. El configurador de Armin Strom es la opción más completa y clara de cuantas hemos vistos en la industria, pero no es la única. Precisamente, uno de los atractivos de los denominados smartwatches es su personalización. No en vano, la segunda generación de este dispositivo que ha lanzado TAG Heuer lleva por nombre Modular 45 y desde la web de la firma puede diseñarse uno mismo el reloj combinando diferentes acabados de cajas, asas y biseles. En el Summit de Montblanc, las variaciones se centran en el material de la caja y el color de la pulsera, que puede ser en piel o caucho.

Por supuesto la relojería femenina va mucho más avanzada en términos de personalización que la masculina, quizás por su mayor relación con los artículos de lujo, donde este servicio está disponible desde hace años. En los últimos tiempos se han creado departamentos como Atelier Reverso de Jaeger-LeCoultre, pensados en exclusiva para diseñar el reloj por uno mismo. Y de nuevo la tecnología demuestra todo su potencial, como demuestra la aplicación para móviles y tabletas que acaba de lanzar Bulgari para su Serpenti y que ofrece a la clienta más de trescientas variaciones de este modelo. Como vemos, el futuro de la relojería pasa de manera irremediable por la personalización de las piezas porque, como los sueños, cada uno quiere tener el suyo propio.

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