Tratamientos naturales contra los refriados

gripe

La llegada del frío y la escasez de luz del invierno son el caldo de cultivo ideal para que proliferen gripes y resfriados. Hay muchos y diversos virus que causan el resfriado común. Los rinovirus son los más habituales, pero también lo producen el virus respiratorio sincitial (RSV), los virus de parainfluenza humana (VPH), los adenovirus, los coronavirus humanos y los metapneumovirus (HMPV). En cambio, sólo existen tres tipos de virus de la gripe o influenza: A, B y C. Los de tipo A y B son los más contagiosos y causan las epidemias estacionales, mientras que el C provoca infecciones respiratorias más suaves, más parecidas a un catarro.

¿CATARRO O GRIPE?

Los primeros signos de una infección respiratoria suelen ser similares, ya sea un simple resfriado, una gripe o la temida COVID-19: dolor de garganta, congestión nasal, mucosidad, estornudos, lagrimeo, tos seca… Entre las 24 y 48 horas, si va más allá de un simple catarro, aparece fiebre junto con dolores de cabeza, articulares y musculares. La mayoría de las personas se recuperan en unos 7 a 10 días. Sin embargo, si tenemos un sistema inmunitario debilitado, existen afecciones respiratorias previas –como bronquitis crónica o asma– u otras patologías sistémicas, una infección en principio benigna puede ser el origen de enfermedades más graves. ¿Qué podemos hacer para prevenirlas o superarlas con más rapidez?

LOS HÁBITOS QUE MÁS NOS PROTEGEN

Algunas rutinas, repetidas hasta la saciedad por los profesionales de la salud, pero que no siempre ponemos en práctica, son claves para evitar que los virus nos pillen desprevenidos:

EJERCICIO. Da mejores resultados practicar ejercicio moderado durante 30 minutos tres veces a la semana que destrozarse dos horas de vez en cuando en el gimnasio. Combina la actividad aeróbica y anaeróbica con técnicas de relajación para rebajar el estrés.

MASAJES. Si tienes tendencia a retener líquidos, regálate masajes linfáticos. Ayudan a drenar las toxinas del cuerpo y fortalecen la inmunidad. Evita la ropa ajustada pues, al presionar los vasos linfáticos, impide un buen drenaje y la eliminación de patógenos.

CICLOS CIRCADIANOS. Procura acostarte y levantarte siempre a la misma hora, así como descansar las horas necesarias. Si respetas los ritmos circadianos, se regulan los niveles hormonales y se fortalecen las defensas.

HIGIENE. Lávate también las manos con frecuencia, utiliza pañuelos desechables y evita el contacto con personas que estén pasando una infección respiratoria.

EQUILIBRIO EMOCIONAL. Intenta mantener un clima de armonía, tanto en el seno familiar como en el trabajo. Los conflictos producen tormentas emocionales que menoscaban el sistema inmunitario y propician las infecciones.

OCIO. Dedica tiempo a realizar actividades que te gusten y cultiva las relaciones personales, pues son fuentes de salud.

NUTRIENTES QUE NO TE DEBEN FALTAR

Procura que tus comidas sean nutritivas y evita los productos industriales, el consumo de azúcar, cereales refinados y grasas saturadas. Los estimulantes, también agotan las defensas. No te olvides de la hidratación: bebe 1,5 litros de agua mineral cada día. Unas mucosas hidratadas son más resistentes al ataque de los virus y las bacterias.

Conocer qué nutrientes necesita nuestro cuerpo para que el sistema inmunitario sea competente y en qué alimentos los podemos encontrar nos ayudará a diseñar una dieta equilibrada y sin déficits. También podemos recurrir a la suplementación cuando las necesidades individuales así lo requieran.

ÁCIDOS GRASOS OMEGA 3. Tienen un papel vital en los procesos inflamatorios. Se hallan en los pescados azules, pero también los aportan las algas, las nueces o las semillas de chía y lino. La dosis recomendada es de 1-2 g diarios (DHA y EPA combinados).

PREBIÓTICOS. Son el alimento de nuestra microbiota intestinal. Se recomienda consumir unos 10 g diarios. Se encuentran sobre todo en las hortalizas: endibias, alcachofas, puerros, cebollas, espárragos, ajos, remolacha…

PROBIÓTICOS. La disbiosis intestinal, el desequilibrtio de la flora, altera la respuesta inmunitaria y propicia la aparición de infecciones. El kéfir, el yogur, el miso o el kimchi son buenas fuentes de bacterias «amigas», pero a veces necesitamos tomarlas en forma de suplementos. Elige productos que contengan de 4.000 a 24.000 millones de unidades vivas entre lactobacilos y bifidobacterias.

VITAMINA C. Incrementa la producción de células «asesinas» naturales y activa la producción de interferón, una proteína que el organismo utiliza para neutralizar los virus. Se halla en los cítricos, los pimientos, el perejil, las fresas, los berros… La dosis mínima es de 60 mg diarios, pero para potenciar el sistema inmunitario durante el invierno es aconsejable aumentarla a 1-2 g.

VITAMINA D3. Fortalece los mecanismos de eliminación de patógenos e incrementa la producción de linfocitos antiinflamatorios Th2. Se halla en los pescados grasos, la yema de huevo y los quesos. Aunque la podemos fabricar en la piel tomando el sol 10 minutos diarios, es ampliamente deficitaria en la población. Durante el invierno se recomienda suplementarla con una dosis de entre 800 y 2.000 UI diarias.

OLIGOELEMENTOS. Tomarlos ayuda a prevenir y a superar de forma rápida los síntomas de las afecciones respiratorias. Son ideales para cualquier grupo de edad gracias a la inocuidad y carencia de efectos secundarios. Algunos se pueden tomar de forma preventiva en los meses fríos para fortalecer la respuesta inmunitaria, y después ampliar con otros más específicos si aparece un proceso agudo. Por ejemplo, la combinación manganeso-cobre (Mn-Cu) ayuda a prevenir las infecciones tomando 1 ampolla al día en ayunas de 1 a 3 meses. El cobre (Cu) está indicado durante los procesos agudos (3 ampollas diarias de 10 a 15 días) y el fósforo (P) sirve para controlar la tos no productiva (de 1 a 4 ampollas diarias hasta notar una mejoría).

PLANTAS PARA LA INMUNIDAD

La fitoterapia aporta un apoyo adicional para prevenir las enfermedades respiratorias estacionales, y también para superarlas.

ASTRÁGALO

(Astragalus membranaceus) Originaria de Asia, la raíz de esta planta inhibe la replicación vírica y aumenta la respuesta citotóxica de las células de defensa. Se puede tomar de forma prolongada durante varios meses. Dosis: 500 a 1.000 mg diarios.

HONGOS MEDICINALES

Chaga, maitake y shiitake: los betaglucanos de estas setas aumentan el número y la actividad de las células inmunitarias. También regulan la microbiota intestinal. La mayoría de estos hongos se suelen tomar en forma de extracto. Dosis: 100 a 900 mg diarios.

EQUINÁCEA

(Echinacea angustifolia) Estimula la producción de sustancias antiinflamatorias y la fagocitosis (eliminación por engulliminento de las células) de patógenos. No se debe tomar más de dos meses. Dosis: 125 a 375 mg diarios de extracto seco estandarizado.

ORÉGANO

(Origanum vulgare) El aceite esencial de orégano es uno de los más potentes y efectivos antisépticos naturales. Es ideal para superar resfriados y gripes en estado agudo. Dosis: de 1 a 3 gotas, tres veces al día.

PAU PEREIRA

(Pao pereira) Los alcaloides que contienen la corteza de este árbol del Brasil tienen la capacidad de bloquear la transcripción y la replicación de los genomas víricos sin penetrar en las células sanas. Actúa como un protector general del organismo. Dosis: 900 a 1.800 mg al día.

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