Debería darle vitaminas y minerales a nuestras mascotas

Vitaminas para mascotas

Los micronutrientes son vitales para el organismo de nuestra mascota. Pero cuidado con proporcionárselos en exceso o en defecto, porque podrías influir negativamente en su salud. Dada su importancia, resulta curioso que vitaminas y minerales consigan el efecto deseado con muy pequeñas cantidades porcentuales: así, las prime-ras suponen del 0,2 % al 0,3 % de la dieta seca diaria; y los minerales, del 2% al 3 %. La sorpresa es mayor aún si los comparamos con el resto de nutrientes, pues el agua representa de dos a tres partes por cada una de materia seca del alimento y las fuentes primarias de energía -carbohidratos, grasas y proteínas-, del 50 % al 80 %. A continuación, te comentamos las características fundamentales de minerales y vitaminas, una información que puede resultarte de interés para cuidar la alimentación de tu mascota.

MINERALES

Son numerosos, y las funciones y las dosis que nuestros animales de compañía deben tomar de cada uno de ellos son muy diferentes. Para tener una buena nutrición, los mamíferos necesitan más de dieciocho elementos minerales. Se pueden dividir en macrominerales, esto es, aquellos de los que precisan cantidades mayores; y microminerales u oligoelementos, que se necesitan en dosis menores. En el primer grupo están el calcio, el fósforo, el sodio, el magnesio, el potasio, el cloro y el azufre. En el segundo: hierro, zinc, cobre, yodo, selenio, manganeso, cobalto, molibdeno, flúor, boro y cromo. Los seis últimos son esenciales para los perros y los gatos.

SU FUNCIÓN

Los macrominerales tienen estos objetivos principales: proporcionar el equilibrio necesario al organismo (equilibrio ácido-base); mantener la cantidad necesaria de agua (balance hídrico); controlar el funcionamiento de las membranas celulares en importantes actividades, como son la conducción nerviosa y la contracción de los músculos; y mantener la integridad de las estructuras del cuerpo.

Por su parte, los microminerales colaboran con determinadas enzimas orgánicas -metaloenzimas- y, gracias a dicha unión, controlan infinidad de reacciones bioquímicas: caso de la intervención del yodo en la hormona tiroidea y del hierro en la hemoglobina.

En resumen, los minerales son vitales como componentes estructurales de órganos y tejidos -ocurre con el calcio, el fósforo y el magnesio para los huesos y los dientes-; como componentes de los líquidos y tejidos -sucede con los electrolitos que intervienen en el mantenimiento de la presión osmótica, el equilibrio ácido-base, la contracción muscular, la permeabilidad de las membranas y la irritabilidad de los tejidos-; y como catalizadores de los sistemas enzimáticos y hormonales.

NO TODO SON VENTAJAS

Los minerales también pueden actuar como tóxicos. Todos estos elementos tienen una interesante curva de dosis-respuesta: con una ingesta adecuada, actúan a las mil maravillas, pero fuera de ese límite -por encima o por debajo- causan problemas. Así, las concentraciones bajas producen un deterioro de las funciones fisiológicas; en las óptimas, el aporte de mineral alcanza los niveles necesarios para cubrir los requerimientos del animal; y en las excesivas, pueden producir toxicidad.

En algunos casos se usan dosis altas de minerales con objetivos terapéuticos específicos, pero si se suministran de manera continuada, pueden acabar con el efecto beneficioso para dejar paso al nocivo. Por esta razón, es algo que solo debe realizarse bajo control profesional.

También debemos tener muy presente que el suplemento indiscriminado con uno o más de estos elementos son más perjudiciales que beneficioso y se erige en la principal causa de desequilibrios minerales en perros y gatos. Cuando aquellos aparecen, por enfermedades o por un mal manejo de la alimentación, es complicado saber qué mineral o minerales provocan el problema, ya que los signos clínicos y las lesiones son muy parecidos en numerosas deficiencias o excesos de minerales. En estos casos, la valoración de la dieta por parte del veterinario, que puede venir acompañada de una analítica sanguínea, será la mejor ayuda para establecer un diagnóstico. En muchos casos, el problema no existiría si hubiéramos alimentado al animal, de forma exclusiva, con un aporte alimenticio de alta gama.

VITAMINAS

En 1912, el bioquímico polaco Casimir Funk describió una clase de moléculas que contenían nitrógeno y a las que denominó vital-amines -en castellano, ‘esenciales para la vida’ -; así se acuñó el término vitamina. El descubrimiento, el aislamiento y la síntesis de estos compuestos han tenido lugar a lo largo de los últimos cien años, pero los efectos que provocan sus deficiencias, en especial el escorbuto, se habían descrito ya en 1150 a. C.

Deben presentar cinco características básicas. Las tres primeras son que debe ser un compuesto orgánico diferente de una grasa, una proteína o un hidrato de carbono; constituir un componente de la dieta; y resultar esencial en cantidades mínimas para el desempeño de las funciones fisiológicas normales. Asimismo, su ausencia puede provocar un síndrome de deficiencia y el organismo no las sintetiza en las cantidades suficientes para el desempeño de las funciones fisiológicas normales.

SU FUNCIÓN

Las vitaminas son moléculas que regulan importantes funciones, aunque no intervienen ni en la producción de energía ni actúan creando estructuras. Su principal razón de ser no es otra que promover y regular una amplia variedad de procesos fisiológicos. Se dividen en dos grupos: liposolubles, que son solubles en las grasas; e hidrosolubles, que se disuelven en agua.

Sus funciones son, entre otras, las de actuar como cofactores o potenciadores de reacciones enzimáticas; participar en la síntesis del ADN; intervenir en la liberación de energía de los nutrientes; actuar sobre el desarrollo óseo; facilitar la función ocular normal; proteger la integridad de las membranas celulares; y colaborar en la transmisión de los impulsos nerviosos.

APORTES EXTRAS, ¿SÍ O NO?

Como ocurre con otros micronutrientes, las cantidades ingeridas pueden crear estados de deficiencia o tóxicos. Los primeros se producen cuando una vitamina no se suministra en las dosis requeridas para desempeñar una función fisiológica normal. Cuando la ingesta es superior a la necesaria, puede producir signos de toxicidad si el periodo de ingestión es prolongado o si el cuerpo no puede expulsar el exceso. Curiosamente, muy a menudo administramos vitaminas a nuestras mascotas con fines supuestamente terapéuticos de forma incorrecta. Por ejemplo, hay dueños que atiborran al animal con variados compuestos vitamínicos para estimularle el apetito. Así que no es raro que clínicamente sean más frecuentes las hipervitaminosis, o sea, trastornos producidos por una ingesta excesiva de vitaminas, que las hipovitaminosis, que se manifiestan por un déficit o una carencia parcial de estos micronutrientes.

Un apunte más: los alimentos comerciales para mascotas se suplementan con vitaminas para cubrir los requerimientos del animal en las distintas fases de su vida. La administración incontrolada de vitaminas por parte del propietario, aparte de ser un gasto innecesario, puede provocar toxicidad, según la vitamina y la dosis. Solo se justifica su aporte extra para el manejo de enfermedades que afectan al metabolismo de una vitamina. Pero no olvides que esta dosis debe ser siempre supervisada por el veterinario.

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